Orfebres Seco
Somos una empresa de artesanos especializados en el trabajo con metales nobles desde mediados del siglo XIX. Nuestras raíces se remontan a la profunda historia de la orfebrería en Andalucía, España. 

ORFEBRES SECO Desde 1870

En la primera mitad del siglo XX, irrumpe con fuerza la orfebrería. Esta época es conocida como la “edad de oro” de la orfebrería sevillana donde destacaron como protagonistas Manuel Seco Velasco y Cayetano González Gómez con obras excepcionales. Maestros de la siguiente generación de artistas orfebres, la saga Seco-Velasco que suma cinco generaciones iniciadas mediado el siglo XIX con Manuel Seco Algaba y continuada con Eduardo y Manuel Seco Imberg; Manuel Seco Velasco; Manuel, Antonio y Jerónimo Seco Aguilar, hasta alcanzar la quinta generación en pleno siglo XXI con Manuel José y Jerónimo Seco-Velasco Álvarez. Ahora la firma tiene un sello conocido internacionalmente, la marca Orfebres Seco. 

La orfebrería sevillana mantiene a través de los siglos su pujanza, como documentó la profesora María Jesús Sanz en "La orfebrería sevillana del barroco" -editada por la Diputación Provincial de Sevilla, 1991-, alcanzando en los siglos XVII y XVIII su “edad de oro”, tiempo en que la orfebrería extiende en sus aplicaciones adornos de rocalla. Juan Carrero Rodríguez en el Boletín de las Cofradías de Sevilla en abril de 1991, analiza el período entre el siglo XVIII y los comienzos del XX, y afirma que desde inicios del XIX la invasión francesa (1810-1812 en Sevilla) produjo daños irreversibles en el patrimonio artístico con el saqueo de parte del cuantioso tesoro sevillano, luego continuado con la desamortización de Mendizábal y la desaparición de los talleres de pla­tería en la ciudad.

“Fue entonces –añade Carrero Rodríguez- cuando en las cofradías, los nobles metales son sustituidos por la madera en respiraderos, varales y peanas. Las piezas que se traba­jan en metal se realizan de forma industrial y no se da nada sobresaliente. Con la llegada de los Montpensier (1848) da comienzo en cierta medida la revitalización de la metalistería, e Isaura implanta aún con cierta mecanización, molduras y pa­ños labrados, siendo la principal obra que realiza, la crestería en plata “rouls” para el baldaquino de la Virgen de Montserrat en 1855”. 

Durante la tercera centuria del siglo XX, se produce un hecho clave para el futuro de la orfebrería sevillana, hasta entonces en franca decadencia, como es la incorporación de Cayetano González Gómez, destacado dibujante, que colabora con su tío el arquitecto Aníbal González y Álvarez Ossorio en las obras de las Plazas de América y de España. Cayetano González se intere­sa por el oficio de los metales, hasta entonces casi dedicado al hierro y con escasas aportaciones en plata y oro, y según afirma Juan Carrero Rodríguez, “viene a crear las primeras obras que revolucionan la forma de trabajar en los talleres orfebres al producir diseños variados para conformar el enser nuevo concebido. Así los paños, molduras, cañones, nudetes, aún de forma uniformada, varían la ornamentación para realce artístico de lo que se va a crear y donde no pueda darse por ello, labrarlos por medios repetidos e industriales. Con esta concepción artística la orfebrería se revitaliza, volviéndose principalmente al barroco”. 

La platería volvió a alcanzar auge dorado durante la primera mitad del siglo XX, cuando los maestros Cayetano González Gómez y Manuel Seco Velasco firmaron el renacimiento del oficio y lograron cimas inéditas. Mientras que Cayetano González cuenta con una tesis doctoral que recuperó justamente su obra, Manuel Seco Velasco sigue pendiente del estudio de su catálogo, verdaderamente excepcional por el número y las calidades de sus trabajos, merecedores de incluir su nombre en el callejero local. 

CINCO GENERACIONES DE ORFEBRES

La saga Seco-Velasco suma ya cinco generaciones de artistas orfebres que, en cada época, han mantenido la antorcha del taller, con su estilo artístico inconfundible y la impronta humanística personal que caracterizó la larga vida de Manuel Seco Velasco, gran patriarca que marcó como orfebre y maestro de orfebres casi todo el siglo XX sevillano, pues falleció con ochenta y siete años, vividos hasta sus últimos días con febril actividad creadora y estimulador del trabajo de sus hijos Manuel, Antonio y Jerónimo. Para estos, la mayor parte de su vida profesional fue en paralelo a la de su padre y maestro, y esta circunstancia silenció parcialmente su propio quehacer, vinculado al común de la firma Seco Velasco de la que su padre era emblema indiscutible. Por lo tanto, a la hora de valorar el catálogo del taller, sobre todo desde los años setenta en adelante, debe considerarse que los éxitos profesionales fueron logrados por el conjunto familiar.

Seco-Velasco se inicia con Manuel Seco Algaba (1850-1905), del que no hay constancia que tuviera taller propio, siendo su labor artesanal en talleres ajenos y sin catálogo conocido.


LA SEGUNDA GENERACIÓN

La segunda generación la formaron los hermanos Manuel (1875-1925) y Eduardo (1888-1962) Seco Imberg, que tomaron el testigo de su padre, Manuel Seco Algaba, fundador de la saga.

Manuel Seco Imberg, orfebre (Sevilla, 1875-1925). Continuador del taller fundado por su padre Manuel Seco Algaba, y seguido por su hijo Manuel, dando máximo valor a este trabajo. Entre ellos figuran los respiraderos de plata de la Virgen del Patrocinio de 1924, que se perdieron en parte en el fuego del templo en 1973, como así numerosas obras.

Eduardo Seco  Imberg, orfebre (Sevilla,1888-1962). Tuvo taller en este arte, siendo maestro en el difícil oficio de abultar la chapa. Entre sus obras destaca, la corona realizada a la Virgen de la Amargura en 1922, de original hechura, dejando numerosos discípulos.


LA TERCERA GENERACIÓN

La tercera generación de la saga Seco-Velasco es la estelar y da nombre célebre a la dinastía,  en la persona de Manuel Seco Velasco con quien la firma alcanza su cenit. 

Manuel Seco Velasco, orfebre (Sevilla 1903-1991). Maestro en su oficio y de los discípulos que ha dejado diseminados por todos los talleres de este arte en la ciudad. Sus trabajos son de una gran calidad por la pulcritud de su realización, destacando entre ellos, el conjunto dorado del paso de la Virgen de Loreto, varales 1944 y respiraderos 1945; varales del Museo 1947; coronas: Refugio 1939, Loreto 1950, Desamparados 1954, Victoria 1974 y la de oro de la Virgen de las Angustias 1972. En plata, ángeles ceroferarios del paso de la Amargura 1951; a la Hermandad de la Trinidad, los trabajos de los respi­raderos 1952 y varales 1960; faroles del Valle 1957, andas Calle de la Amargura 1963 y Coronación de Espinas 1974, Juegos de potencias en oro de las Tres Caídas de San Isidoro 1950 y Señor de la Salud (Gitanos) 1967. Puñales en áureo metal para la Virgen del Valle 1964 y Loreto 1972. Candelerías en plata de la Amargura 1940-1982, Macarena 1955 y Soledad de San Lorenzo 1960. Asimismo numerosas insignias argénteas a la Macarena, Gran Poder y Soledad de San Lorenzo  Estaba en posesión de la Cruz de Alfonso X El Sabio en 1949; premio Nacional de Artesanía; y en mayo de 1976 le fue concedida la Medalla de Plata con ramas de roble, al mérito del Trabajo.

Manuel Seco-Velasco comienza el oficio en el taller de la calle San Luis, 134 trasladándose en 1922 a la calle Matahacas, 14. Tras el fallecimiento de su padre, continúa con su tío Eduardo, separando ambos sus carreras profesionales en 1942. "Las enseñanzas e influencias paternas fueron claves para la formación de Seco Velasco; de su padre heredó el puesto de Maestro Platero de la Fábrica de la Catedral de Sevilla, en el que tuvo la ocasión de estudiar directamente la técnica, modelos iconográficos y códigos ornamentales de los grandes maestros de la platería sevillana de los siglos de oro; lo que unido a que se rodeó de destacados discípulos, como Villarreal, Juan Borrero o José Zabala, llevó al taller de Seco a ser uno de los máximos referentes de la orfebrería hispalense de la segunda mitad del siglo XX”*.

 

LA CUARTA GENERACIÓN

La cuarta saga la protagoniza Manuel Seco-Velasco Aguilar (Sevilla 1934-2018), que constituye el eslabón angular de la dinastía como transición entre su padre, el gran patriarca, y sus hijos, Manuel José y Jerónimo. A Manuel Seco-Velasco Aguilar corresponde una crucial tarea vivida en gran parte junto a su padre y sus hermanos Antonio (1938-2002) y Jerónimo (1940-2001), logrando garantizar la continuidad y el enriquecimiento del taller, del que siguió siendo estímulo y guía experimentado hasta su fallecimiento en verano de 2018.


LA QUINTA GENERACIÓN     

La última generación de orfebres, la quinta, la componen los hermanos Manuel José  (Sevilla, 1968) y Jerónimo (Sevilla, 1973) Seco-Velasco Álvarez, formados en las escuelas paterna y académica y fundadores, junto con su padre, de la arraigada marca ORFEBRES SECO. Una firma con sello propio, reconocida y avalada por los miles de trabajos que vienen realizando desde 1870 continuando en la actualidad con un distintivo que les diferencia en sus obras para el arte sacro y la decoración.

*Textos: Nicolás Salas, Conocer Sevilla y Juan Carrero Rodríguez

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